16/3/10

Los pilares de mi mundo


Con una luz, amarilla, en una habitación que no hace más que limitar los sentidos y cegar la vista de aquel que quiere mirar más allá, como yo, yo misma, empiezo a escribir, a girar sobre un pensamiento que acaba desdoblándose en mil melodías.

Unos dicen que comenzar hablando de uno mismo o plasmar sus emociones en un papel es producto de un ser egocéntrico, sí, lo soy pero tú también, y con aquel que tienes a tu lado pasa exactamente lo mismo, quizás porque estamos acostumbrados a mirar este rasgo que conforme un carácter de forma negativa, y no, no tiene porque ser así, puesto que todo es relativo…

No vas a ser feliz, ni poder tenderles la mano a otros si primero no eres capaz de sonreírle a tus miserias, de ahorcar a tus penas con la risa más tajante que puedas ofrecer.

Es producto de una experiencia que, aunque breve, intensa, ahora bien, no soy un modelo inequívoco a seguir, estoy llena de incongruencias, de desajustes que me abastecen de imprecisiones, lo cual me ayuda a encontrar una piedra, que siendo pequeña o grande, ya no pretendo esquivarla… Quiero estudiarla, aproximarme hasta el extremo, esa línea imaginaria que muchas veces me ha hecho rozar la tristeza por haber ido demasiado lejos, o esa sobre la que he aprendido a tantear vidas, a tenerlas incluso entre mis dedos e ir ayudando a tejerlas o a descoserlas.

He sido cruel, he sido diferente, sigo siéndolo, y además, soy solitaria. Una de estas almas errantes que no buscan porque ya están cansadas de encontrar decepciones ocultas bajo las oscuras facetas que guardan otros, humanos incompletos.

Y los llamo humanos, porque me excluyo, no me siento de esa condición desde hace mucho, mucho, tiempo… Me siento cruel simplemente por ser el pez que se empeña en saltar, en superarse, por averiguar que igual en otro lugar hay un futuro mejor. Lo malo es, sin duda, cuando tus mañanas te sorprenden con el eco vacío de ruidos ajenos a tu casa, cuando las únicas conversaciones que pueden romper ese silencio son entre tú y la radio al echar a cantar o cuando te choca verte reflejado en un espejo, porque advertirás que no solo está vacía tu casa, si no, incluso en mayor medida; tú.

Aunque sea una paradoja, la soledad es aquel sentimiento al que te aferras al creer que, a pesar de que estés rodeado de gente, sus vidas no supongan mucho en la tuya, es aquella sensación que nunca te abandonará en esos tormentosos momentos. Pierdes y ganas a la vez, en mi caso, una parte de mi queda enterrada junto a los sueños que me impulsaron años atrás, mi porcentaje débil va muriendo paulatinamente hasta confesar justo antes de espirar el índice tan elevado que me dominó y me llevó hasta estrellarme.

Con tanta ceguera y tanta ostia, no se consigue nada bueno, puede que algún beso, numerosas ilusiones…. Y un corazón frío, la parte positiva de la soledad, vivir en un incesante invierno colmado de paseos calculados en busca simplemente del bienestar propio, entre cuatro muros alumbrado por una bombilla de bajo consumo, que me dice, que no es la única que ha dejado de ser brillante si no que al igual que la misma persona que ha escrito esto, en ciertas ocasiones parpadea al límite de un buscado apagón…

Ni delirios, ni nada, soy el resultado de los momentos que me pesan, de la electricidad que me ha ido desgastando al pasar con demasiada intensidad y frecuencia por mis aflicciones… Soy un diamante, gélido, muy difícil de rayar debido a su dureza, fui un error, y seguiré poseyendo aquella búsqueda inquieta de emociones hedonistas, pensaré en esas cosas que ayer me daban igual para ir aclarando esa luz amarilla que no hace otra cosa que oscurecerme esta especie de cerco impuesto en mi cabeza. Que no, que no, quiero ser humana. Que no… Quiero ser o una sensación o estar completa, en su defecto acostumbrarme a que aunque la vida ya no resulta tan agradecida, se pueda sonreír sin que alguna efímera espina pise cada minuto en tu mente, a raíz de dejar una nueva herida que requiera su tiempo para curarse.

Quiero borrar ese social equilibrio que data quién está cuerdo y quién no, porqué yo estaré loca, pero no, poseo algo que el resto de humanos no tienen, o que solo una minoría logran a concienciar, esto trata de admitir. Admitir que si supuestamente somos un conjunto y vivimos bajo el mismo el cielo, en el fondo de lo más superficial no somos capaces ni de encontrar, crear, o dominar nuestro propio mundo.

15/03/2010

Tudela, Navarra

EBR