A veces, todos nos levantamos una
mañana con esa sensación extraña… Una sonrisa a medio camino, unos ojos a punto
de llorar o aquel abrazo que no llegó nunca, vienen entonces a nuestra cabeza, recordándonos ese día lo que
pudo y no pudo ser.
Antes el camino era mi medio para
llegar a lo más alto, en estos momentos sólo es la cuesta que necesito superar para
descansar, sentarme y observar. No quiero ruidos que me perturben ni caricias
que me espanten pero si guardar la espera de ese abrazo que nunca llegará.