Manchas... Empezando por el tobillo, siguiendo el trayecto de sus piernas puedo encontrar unas cuantas más en las rodillas (heridas de guerra, cicatrices inolvidables...), y por último, alguna que otra en la espalda.
Cuando miro mi piel, me acuerdo de la suya, siempre tan suave... Eva, aquella chica de las piernas largas, la de los ojos almendrados y la boca de piñón, a pesar de que, cuando la beso me llena una sensación de alivio, de dulzura, pero no es otra cosa que, la más fuerte de las tentaciones disfrazada de inocencia, como el sabor y la presencia de una fresa.
Miré una vez más su cuerpo desnudo. Observé algunas de sus pequeñas heridas... Y me percaté notablemente de que la mayor de todas la tenia yo, no en la piel, sino, en el interior del pecho; En aquel lugar donde se mezclaba una intensa angustia alrededor de todo lo que sentía hacia ella cuando por mi mente se paseaba la idea de perderla.
El día que se vaya, mi herida será la que más tarde en cicatrizar de todas.
Sí. Pero hasta la herida más profunda acaba cicatrizando. Si no consigue antes matarte...
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